Esta es la continuación del blog "Esos locos bajitos", pero centrado en los niños con los que convivo.
Imagínese que está con su famila anfitriona. Imagínese que está jugando con uno de los niños (Jaimito) a un juego de cartas. Imagínese que sin previo aviso el niño suelta una bomba de relojería (bueno, tampoco hay que exagerar tanto.) ¿Qué reacción tiene usted?
- a) Pensar que el niño ha sufrido una pequeña enajenación mental momentánea y autodecirse que han sido cosas de la imaginación.
- b) Pensar que el niño tiene más futuro que Nacho Vidal y Sin Chan juntos. Te haces una foto con él para posibles usos en el futuro.
- c)Ah, ¿pero ha dicho algo? A estos críos pequeños cada vez se les entiende menos lo que dicen.
La verdad que mi reacción no fue ninguna de éstas, he aquí un dialógo -aproximado, ya pasó mucho tiempo- :
Nota: el dialogo en cursiva corresponde a pensamientos.
Preámbulo: partida tan tranquila al UNO, el niño haciendo trampas cada poco y esas cosas. Todo se desarrolla normalmente hasta que.......
Jaimito: ¿Te puedes quitar los pantalones?
Yo: ¿Cómorrrrr?¿Qúe ha dicho este niño? No he entendido ná. ¿Qué?
Jaimito: Que si te puedes quitar los pantalones.
Yo: Ahh, pues sí, le había oído bien. Pues no. ¿Pero por qué quieres ver mis bragas? Qué cosas tienen estos niños de hoy en día, no se qué querrá con mis bragas de Unno.
Jaimito: Es que quiero verte las bragas, son naranjas.
Yo: ¿? Pues -va a ser que- noooo . ¿Pero este niño nunca ha visto las bragas de su madre?
Jaimito: Bahhh, vengaaa, anda...
Yo: Que no -niño, no seas pesao- que mis bragas son igual que tus calzoncillos pero de color naranja.
Y el pequeñajo siguió insistiendo un par de veces hasta que tan raro como le dió por esto, lo dejó.
A esta actuación del niño hay que añadir las de sus hermanos.
Días antes, estaba yo tranquilamente en el baño del piso de abajo cuando aporrearon la puerta. Después de un par de veces me asomé a ver que pasaba. -Eran solo Juanito y Jorgito que andaban haciendo el mongol.
Cuando salí del baño para cambiarme en la habitación, de repente me ví rodeada por estos dos críos que querían bajarme los pantalones cortos del pijama para verme las bragas. Claro, no puedes darle una colleja ni nada porque no son familia tuya, y además de que estaban los padres por ahí.
El escándalo me siguió hasta la escalera, donde los niños estos seguían empeñados en bajarme los pantalones. (Y encima tienes que aguantarte las ganas asesinas de darles una patada aprovechando que estas unos escalones más arriba).
Al final conseguí zafarme de ellos y me fui directamente a la habitación. Y para dejar claros, estos ataques a mi integridad se hicieron otras veces, sobre todo por parte de Juanito, cómo engaña, el más pequeño y míralo....
En fin, al menos tienes el consuelo de que a otras les ha pasado más o menos lo mismo. Una de las españolas me contó- antes de que me pasase a mí esto- que ella estaba en casa con un niño de seis años, y que además de restregarle la cebolleta (palabras textuales), se quería meter con ella en la ducha, desnudo, pa ducharse con ella.
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